
”Las primeras Palabras”
Ella estaba sentada en una silla, escuchaba con animo melodías de su agrado, esperaba que un día llegara ese gran y verdadero amor que le correspondiera. Su nombre es Ámbar, de familia de alta clase social. Vivía en una era de gran emotividad y algo de magia que bien no les producía la mayor felicidad puesto que también vivían llenos de prejuicios y guerras sin fin.
El tiempo pasaba lentamente ante los ojos de Ámbar que al sentirse sola llamaba a alguna sirvienta para que le acompañase a caminar por algún pasillo de aquel extenso palacio o salía sola a caminar con su extraña mascota llamado Lemix que se había encontrado hacia ya dos años fuera del palacio. Lemix miraba con gran entusiasmo a Ámbar mientras que ella le contaba sobre lugares fantásticos y sobre el sueño que le recurría desde la llegada la mascota.
Por su parte todas las noches la pequeña y escurridiza mascota; que bien no se sabia de que especie era, se escapaba de una forma tan fácil el palacio nadie se percataba de ello, pero tras su ausencia Ámbar empezaba a tener aquel mismo sueño.
“Sueño”
En algún lugar lejano se encaraba una gran pelea en la cual solo después de horas resultaban vivos dos hombres jóvenes; uno de ellos era de estatura media, con un cuerpo bien formado pero no musculoso en exceso, de tes tostada y rubios cabellos que hacían gran contraste con los bellos y grandes ojos azules; el otro por lo contrario era unos centímetros mas alto que el primero, de unos finos y penetrantes ojos negros como la noche, de tes blanca y con un cuerpo mas detallado que el primero.
Aunque su apariencia fuera como la de dos niños pequeños algo en ellos los caracterizaba como unos grandes y fuertes guerreros tratando de ganar con la mas ferviente furia de años de entrenamiento, la mejor disciplina y un gran respeto hacia sus naciones; aquella lucha sin fin. De repente la joven se encontraba a si misma esbozando un breve poema y mirando a los jóvenes cayendo de rodillas sobre aquel paisaje lleno de sangre y hombres mutilados.
Tras ese desagradable panorama Ámbar corría hacia los jóvenes los cuales estaban inconcientes tras la ardua pelea, ella sollozaba cerca de los jóvenes sintiendo una gran pena que más bien parecían los llantos de una mujer hacia su marido.
